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Monday, May 18, 2026
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BRILLA MAS QUE EL ORO

JJ.OO. Por Leo Canaparo
El serbio Novak Djokovic ha añadido a su colección la única pieza que le faltaba para consolidar su lugar como el mejor jugador de todos los tiempos.

La versión más destacada de Djokovic, la que necesitaba para superar al fenómeno Carlos Alcaraz, apartó al español del camino hacia el oro y finalmente lo coronó como campeón olímpico en París 2024, con una victoria por 7-6 (3) y 7-6 (2). Este triunfo, el único gran logro que faltaba en su incomparable carrera, dejó a su rival al borde de otro registro legendario.

A sus 37 años, cuando muchos predicen el declive de su carrera, el serbio estaba decidido a saldar esa deuda con su propio historial, alcanzando el éxito que se le había escapado en una escenario tan prestigioso como la pista central de Roland Garros, y contra un rival de gran renombre, el español Carlos Alcaraz, considerado por muchos como el mejor candidato para destronarle.

Este triunfo en París no solo lo iguala con Nadal, sino que también lo convierte en el tercer hombre en poseer los cuatro Grand Slam y el oro olímpico, un logro que también alcanzaron el estadounidense André Agassi, su compatriota Serena Williams, y la alemana Steffi Graf, quien es la única en conseguir todos estos títulos en el mismo año, 1988.

El oro olímpico en tenis ha sido siempre una meta codiciada por los grandes del deporte. Además de Djokovic, otros campeones olímpicos han dejado una marca imborrable en la historia del tenis. El británico Andy Murray, por ejemplo, logró una hazaña sin precedentes al ganar dos oros consecutivos en Londres 2012 y Río 2016, demostrando su dominio en la competencia más prestigiosa del mundo.

El suizo Roger Federer también buscó con fervor este logro y, aunque no consiguió el oro en individuales, sí lo hizo en dobles junto a Stan Wawrinka en Beijing 2008. Su compañera, la legendaria Martina Navratilova, destacó en la década de los 80 y 90, aunque no pudo competir en los Juegos Olímpicos debido a que el tenis no formó parte del programa olímpico durante gran parte de su carrera.

Era un requisito para que nadie pudiera cuestionar su aspiración de convertirse en el mejor tenista de todos los tiempos, un título honorífico para el cual ya tenía argumentos de peso: sus 24 Grand Slam, al menos tres en cada uno de ellos, sus 428 semanas como número 1 del mundo, sus 40 títulos de Masters 1.000, y sus 99 títulos en todas las superficies.

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